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jueves, 16 de junio de 2022

MI PADRE ERA EL HOMBRE MÁS FUERTE DE LA TIERRA

 

Hoy es el más sabio:

MI PADRE ERA EL HOMBRE MÁS FUERTE DE LA TIERRA

 

"Nos cuenta con mucho entusiasmo las anécdotas de la ungurahueada, de la aguajeada, de la chonteada, de la arroceada, de la maiceada, de la yuqueada y mucho más de la chapaneada y las mingas con masato en San José y el Abujao".


Cargaba un saco de yuca con cabeza, de esos de polietileno que tenían tres rayas con letras escritas “SUGAR RICE”.

Cargaba un saco de arroz en chala, de esos que eran de yute y tenían dos rayas azules, sino de polietileno del tamaño de un niño y bien taqueadito.

Cargaba un saco de maíz trillado, de esos que eran de polietileno al igual que los sacos de arroz.

También cargaba dos sacos de aguaje, de esos que eran saco y medio cada uno del tamaño comercial.

Igualmente cargaba dos sacos de ungurahui, de esos que cada saco daba hasta cinco latas.

Y todos esos productos los traía de su chacra de la quebrada Cashibo, cinco kilómetros al fondo del caserío San José, en el Km 26 CFB, pero el aguaje y el ungurahui, los traía de más al fondo, casi una distancia similar. Pero para llegar a la carretera afirmada, tenía que cruzar el bajeal de las quebradas de Cashibo y Mishkiyaku, que era un trecho de casi un kilómetro de distancia, con su carga vence vence, sobre su espalda, con su huato o pretina y muchas veces tenía que “churampear”, es decir, transportar varios sacos de trecho en trecho indistintamente hasta su destino.

Pues eran aquellos años mozos posteriores a su juventud, en plena adultez, cuando llegó a vivir a aquel lugar y junto con él, también sacaban sus productos don Fausto Guerra, más conocido como “Cholo Guerra” y sus hijos Paco Guerra, la Chepa y Solano; don Carlos Vásquez y su morena doña Melita, que sacaban en manada con doña Rosita Meldrana, José y la Mashka; Don Decio Meléndez, más conocido como “Joven Decio”; Segundo Murayari; Ángel Meléndez, hijo, conocido como “Angelillo”, el cantante de “Los Montañeses”. Y en algún tiempo y esporádicamente don Vicente Flores con doña Chepa, don Octavio Dávila y sus hijos Octavillo y Moíco; don César Santillán que salía desde El Porvenir, Los Pacayas: Ramón, Juaneco. Todos ellos eran ungurahueros y aguajeros todo el tiempo. En tiempo de invierno, de enero a marzo, eran arroceros y maiceros.    

En los tiempos de la cosecha, destacaban Octavio Isuiza, más conocido como “Octavio tu pie” que cosechaba más de 130 kilos de arroz en gavilla al día, igualmente su mamá doña Rosita, que cogía entre 100 kilos. Los Chujutallis: Edwin, Jorge, Julio, que le hacían competencia a Octavio tu pie. Manuel Valles “Supitero”, no se quedaba atrás junto con Denver, hijo de doña Rosita, y don Victor Monteluisa. Todos ellos eran requeridos por los que tenían sus sembríos de arroz, como don Edmundo Meléndez, que hacía más de 10 hectáreas, su papá don Ángel Meléndez, casi de igual tamaño, también don Marcelino Rodríguez y mi padre en menor cantidad. Los cosecheros iban a la chacra a las cuatro de la madrugada y amanecían cosechando y a la hora del desayuno, algunos ya tenían hasta más de un saco de arroz o amontonados en las quirumas o árboles caídos para que cayera el rocío o agua de la noche y les secara un poco el sol, aunque otros así de mojado lo metían a sus costales para que pesara más y tuvieran mas kilaje, porque les pagaban por kilos. Los primeros tiempos, le hicieron el cuento a mi padre, quien después, les hacía vaciar el costal y ver si estaba húmedo y les descontaba entre 5 kilos según el caso. Pero como los “cosecheros” eran muy vivos, muchas veces mojaban los manojos de gavillas cuando estas estaban resecas, sea por el sol o por la excesiva madurez; de igual manera, para que aumentara el kilaje, muchos cosechadores cogían la gavilla de arroz con su hueso o espiga de cerca de veinte centímetros, que lo normal era de diez centímetros, lo suficiente para poder cogerlos o sostenerlos con la mano; demás está decir, que también lo ensacaban con algo de hojas sean de arroz o de otras plantas que crecían junto a ellas. Pero así era la cosecha.

Recuerdo una vez, que mi padre me contó que la primera vez que hizo su arrozal y el primer día de la cosecha, él madrugó a su chacra para esperar a los “cosecheros”. Salió de su casa de San José y se dirigió al fondo, hasta Cashibo, donde, para avanzar, cogió su lata y su costal y se fue directo al arrozal y estuvo cogiendo y cogiendo, ya llenaba su costal y no amanecía ni llegaba ningún “cosechero”, hasta que más un rato recién oyó voces y gritos de personas que se acercaban y ellos se sorprendieron al encontrar a mi padre casi con un costal lleno de arroz y le dijeron: Don Justo, talvez aquí has dormido. Y les respondió diciendo que ha madrugado, pero no ve cuando amanece y les preguntó la hora y le dijeron que va a ser las cinco de la mañana. Pucha oy, entonces yo he venido a medianoche, la Luna me engañó, me desperté y me vine para acá creyendo que ya está amaneciendo, dijo. Y se rieron todos.

Mi padre era el hombre más fuerte de la tierra, aquellos tiempos no sentía dolores, hoy todo le duele; pero sus recuerdos viven en su mente y revive dichos recuerdos que le dan más fuerza y sus ojos brillan con más lucidez y su sonrisa nos inspira fe y confianza, cuando nos cuenta con mucho entusiasmo las anécdotas de la ungurahueada, de la aguajeada, de la chonteada, de la arroceada, de la maiceada, de la yuqueada y mucho más de la chapaneada y las mingas con masato en San José y el Abujao.

Mi padre era el hombre más fuerte de la tierra, hoy es el más sabio ¡Feliz Día del Padre, padre mío!

viernes, 22 de octubre de 2021

NOSTALGIA UCAYALINA

 

ALAS TEMPESTUOSAS DE LLUVIA

 


Es la distancia, el agua, el río, el cielo, la oscuridad, la tempestad, la amenaza de lluvia y todo lo que veo por delante me recuerda de ti y, al recordarte, siento tu compañía; no importa que el tiempo sea incierto o que mi corazón llore de tristeza por ti.

 

No importa hacia donde vaya en este viaje sin fin, sólo me importa pensar en ti. Sé que me enfrentaré a los fantasmas del espacio, del tiempo y la distancia. No sé qué vendrá, pero sí estoy seguro que llegará la lluvia, cerrando el paso en el río, cayendo sobre mí, pero resistiré; porque sé que después de los negros nubarrones, el cielo se volverá límpido cristal, dejando caer sus finas gotas de agua para limpiar mi alma, purificar mi corazón y esclarecer mi mente, que obstinadamente retiene tu figura que se agranda más y más cada momento que transcurre, suspendiendo mi aliento que, poco a poco, se desvanece. Pero es la brisa del viento que, cual manos divinas, llega y me devuelve las fuerzas para seguir viviendo. Pero ¿Para qué quiero la vida, si tú no estás conmigo?

 

Si tan solo te convirtieras en ave viajera y te viera volar por los aires hacia mí, me harías muy feliz, desterrando el gris firmamento que se cierne sobre mi cabeza, divina inspiración de amor que cautivas mi pensamiento, ocupas mi tiempo y fulminas mi ser; que, aunque te parezca increíble, eres todo para mí. Pues me bastaría la presencia imaginaria de tus grandes alas tempestuosas de lluvia, de brisa, de susurro, de caricia, de amor, de pasión, para que mi vida sepultara el pasado y tú seas mi presente, viajando juntos sobre las aguas plateadas del río, pescando besos volados al paso de los viajeros, bajo el tenue sol de la tarde y el crepúsculo del amor.

 

Después de todo, pasado el sufrimiento, el vendaval y las tinieblas del viaje sobre remolinos, mal pasos, parajes tenebrosos y las turbulencias del lecho del río, el cielo me hablará de ti, convertido en claro paisaje de azul infinito adornado por el misterioso arco iris multicolor sobre el horizonte; más allá de las líneas del tiempo, que se funde entre el agua y la tierra, en la distancia insondable de los bosques de la mágica selva.

 

Entonces, mi espíritu regresará a mi cuerpo, mi corazón volverá a latir y yo viviré sólo para ti, viajero de amor; cual alas tempestuosas de lluvia a través del tiempo. Nostalgia Ucayalina

jueves, 16 de febrero de 2017

DIVINA SOLEDAD

DIVINA SOLEDAD

A veces siento que la soledad invade mi corazón.

Y cuando siento la soledad invadir mi corazón, siento que me encuentro solo, solo, solo. Tan solo dentro de mí, que aunque tenga a alguien cerca, simplemente me siento solo.

Podría refugiarme en mis pensamientos, en mis recuerdos, en mis tristezas y, aun así, no puedo conciliar ni concebir que por más que trato de olvidar o eludir la tristeza, la soledad, siento que me es imposible; tan imposible que termino por aceptar que la soledad es parte innata de mi ser, de mi yo, de mi propia existencia.

Entonces, lo único que puedo hacer es aceptar la soledad, convivir con ella. Y ese acto de convivencia requiere vivirla, disfrutarla, sentirla.

Sentirla y vivirla  con pasión infinita, tan infinita que no hay mejor que acompañarse de un lápiz y un papel para plasmar de verdad  esa pasión de la soledad, transformándola en líneas, en letras, en palabras, en frases, en oraciones, en versos, en poema, en poesía, en canto, en danza, en júbilo sintiendo el susurro y las caricias del viento que me transportan hasta a ti, oh, divina mujer.



¡Qué importa la tristeza! ¡Qué importa la soledad! Si ellas son las vías para acercarme a ti, para estar en ti mujer, hecho amor para soñar y volar juntos, aunque sea un instante con tal de desterrar la soledad y vivir la plenitud de tu compañía ¡Oh, divina soledad!

miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL SILENCIO DE LA NOCHE

EL SILENCIO DE LA NOCHE

Puerto Principal del Caserío Vinoncuro, río Tamaya,
Distrito de Masisea, Provincia de Coronel Portillo, Región Ucayali


El silencio de la noche acampa alrededor,
fiel testigo del amor y el dolor.
El día de gloria y sufrimiento ya se fue,
las sombras de la noche serán la sepultura
del sacrificio y las penas,
del campesino, el indígena  y el obrero,
que día a día libran
mil batallas de amargura.

El silencio de la noche ahogará mil sueños,
muchos ya no despertarán,
y así su lenta agonía sucumbirán.
Las sombras de la noche serán el funeral
de los desgraciados que ya no volverán,
y sólo en el más allá encontrarán
la justicia y la verdadera paz,
de la prometida eternidad venidera.

El silencio de la noche vigila y protege vehemente
con coraje ancestral, a sus hombres y mujeres decididos,
que forjan una Patria justa, libre y soberana,
aunque muchos digan que todo está en calma.
Las sombras de la noche preparan  el camino
y el amanecer saludará la naciente victoria,
porque la mañana de un mundo nuevo es nuestra meta
la luz del eterno día, para siempre en nuestra vida.

lunes, 25 de febrero de 2013

EN LAS ALAS DEL VIENTO II


EN LAS ALAS DEL VIENTO II


En las alas del viento voy a llevar mis penas, mis sufrimientos, mis dolores, mis decepciones, mis amarguras, mis impotencias, mis desilusiones, mis frustraciones, mis angustias, mis pesares, mis carencias.
En las alas del viento voy a llevar mi conformismo, mis indiferencias, mis enajenamientos, mi descomedides, mis flojeras, mis vaguerías, mi pesadez, mis faltas, mis errores, mi insensatez, mis vicios, mis malas costumbres, mis malos hábitos, mis perezas, mis traiciones,  mis disconformidades, mis ensimismamientos, mis errores, mis  críticas, mis malas maneras, mi  mala conducta, mi falta de solidaridad, mi insensibilidad, mi indiferencia con los demás.
En las alas del viento voy a llevar la injusticia que impera en mi país de parte de jueces y gobernantes que sólo practican el quién da más, la coima, el porcentaje, el diezmo, la cutra la cuota, el toma y daca, las componendas y dicen que “la plata llega sola”.
En las alas del viento voy a llevar el sufrimiento de la gente por falta de paz, pan y solidaridad; que no tienen trabajo para sustentarse y menos para alimentarse, de no poder adquirir ni siquiera la canasta básica; que languidece y muere cada día por no poder adquirir sus medicinas, por no poder curarse a tiempo, porque no hay los medios suficientes cuando la enfermedad ataca y los gobernantes abandonan a su suerte a sus ciudadanos: Entonces sólo sobreviven, no los más fuertes, sino los más pendejos, los “panzones”, los que joden a la gente del pueblo y con eso pueden pagarse caros tratamientos, desde una pedicure hasta un trasplante de pedos, mientras otros no tienen ni para medio pan.
En las alas del viento voy a llevar las pestes de la sociedad que corroe al mundo y denigra vidas de humildes niños, niñas, jóvenes, hombres y mujeres que por necesidad o una inadecuada  o equivocada formación caen en el foso de todos los vicios, el alcoholismo, la prostitución, la drogadicción, la delincuencia, el robo, el asalto, el crimen, la estafa, la lujuria, el orgullo, la petulancia, la vanalidad, la soberbia.
En las alas del viento voy a llevar el deseo carnal de los amores prohibidos, de la infidelidad, del adulterio, de la promiscuidad, de la concupiscencia, de la lascivia, de la violación, de la pedofilia,
En las alas del viento voy a llevar todo ello, surcaré el cielo azul, viajaré lejos, muy lejos, me alejaré de la tierra, cruzaré la línea de los asteroides, pasaré las constelaciones, la Osa mayor, Orión, Andrómeda, hasta llegar al primer agujero negro que encuentre y allí los lanzaré para que sean absorbidos por el vacío cósmico que no acaba, que no conoce tiempo ni fin y... volveré.

SELVA MIA

SELVA MIA
 

Quiero ser la lluvia eterna que
refresca tu bendita tierra
cubierta de ríos y selvas.
 
Quiero ser la lluvia eterna que
acrecienta tus aguas invernales
¡Oh río de amor!
Quiero ser la lluvia eterna que
moja tus hojas en los calurosos
días de verano.
Quiero ser la lluvia eterna que
cae al suelo y penetra en tus
raíces... buscando tus entrañas.

Quiero ser la lluvia eterna que
alivia tu árido cuerpo sediento
de amor.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

SOBREVOLANDO

SOBREVOLANDO

 


Mi alma vaga, divaga por pedazos entre ríos y montañas
de una región desconocida, ahora por mí, donde vivieron
mis antepasados.

Soy alma errante que sobrevuelo, cual mitológico Pegaso,
la Cordillera Azul enclavada en un mar de verdes árboles;
que a la distancia se confunde con las nubes del cielo.

Voy raudo y calmo,
asciendo, desciendo;
camino, troto, corro; subo, bajo.

Levanto el vuelo cubriendo paisajes, laderas colinas, desfiladeros; cañones, abras; picos, cimas, abismos; escarpadas y enmarañadas montañas de luz; mesetas, pasturas; ríos, quebradas y valles.

Todo es hermoso cuanto divisan mis ojos, pero algo palidece, se ennegrece en mis ojos, que se obnubilan y una gota de lágrima
brota lentamente y revienta bañando mis ojos entristecidos.

Todo lo hermoso no es tan bello;
pues lo más bello,
falta en este mar azul de la cordillera:

Tú, hermosa picaflor, de zumbidos y supersónico vuelo
rozando cerca de mí, que alegre mi corazón solitario
que aún te busca en la espesa vegetación.

Quiero descubrirte amada azul, novia de blanco,
que callado y paciente no sólo te espero,
sino que voy hacia  ti.

No te extraño, te anhelo, diosa mujer.
¡Te alcanzaré!
Cual mitológico Pegaso.