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martes, 19 de mayo de 2026

JUSTO FUMACHI NO SERÁ CANDIDATO ERM 2026

LINEAMIENTOS PARA UN FUTURO GOBIERNO LOCAL DE LA PROVINCIA DE CORONEL PORTILLO


En entrevista con Róger Sánchez, de Informa 13, en radio Súper AM FM 103.3, de la ciudad de Pucallpa, Justo Fumachi, dio a conocer que no postulará a la alcaldía provincial de Coronel Portillo, en el presente proceso electoral regional municipal 2026, tal como vino anunciando anteriormente; por la falta de compromiso de los miembros integrantes de la alianza electoral política. Espera que sus propuestas puedan ser tomadas por alguna organización política o candidato, las que tienen que ver directamente con la problemática de la ciudad: 

1.    ORDENAR LA CIUDAD

 1.1.    Delimitar las áreas intangibles del río Ucayali y quebradas de la ciudad (Puerto de Pucallpa, calles adyacentes y asentamientos humanos).

Si bien es cierto el D. S. 12-94-AG, en su artículo 1 declara áreas intangibles los cauces, riberas y fajas marginales de los ríos, arroyos, lagos, lagunas y vasos de almacenamiento, quedando prohibido su uso para fines agrícolas y asentamiento humano; y la Ley 17752 -Ley general de aguas- en su artículo 79 especifica que en las propiedades aledañas a los álveos naturales se mantendrá libre la faja marginal de terreno necesario para el camino de vigilancia y en su caso, para el uso primario del agua, la navegación, el tránsito, la pesca u otros servicios.

También es cierto reconocer que en nuestra región, y específicamente Pucallpa, existen extensas áreas inundables como el sector de la Hoyada, Pacacocha, Yarinacocha y Manantay con características propias de la zona y que en tiempos de invierno son cubiertas de agua y en verano se vuelven habitables tanto para las labranzas de diversos cultivos de panllevar y de vivienda, donde actualmente se han establecido asentamientos humanos  poblacionales de regular cantidad, las cuales, en algunos casos, tienen una residencia permanente, de acuerdo a las condiciones climatológicas, que de acuerdo a la realidad es menester reconocer que en la selva es predecible la inundación, a diferencia de la costa y la sierra, donde casi son repentinas por los huaycos y los aluviones a veces fortuitamente. Por tanto, la adversidad de la naturaleza en la selva, puede ser controlada por el ingenio y la capacidad creativa de los pobladores selváticos, impulsado por el instinto de búsqueda de la supervivencia y la habitación, los cuales en su momento no han sido observados por autoridad estatal alguna, mas bien hasta han sido alentados por los mismos, tanto a sí que hasta se prestaron con benevolencia para sus réditos políticos, tal es así que no es raro encontrar asentamientos humanos con nombres de ex autoridades.

En ese sentido, a estas poblaciones no pudiendo serles aplicables ningún tipo de mecanismo de titulación o de formalización de su posesión, se hace necesario desarrollar, reconocer y aplicar métodos de saneamiento físico legal y de formalización eficaces, seguros y de bajo costo, de acuerdo a nuestra realidad, para los sectores en extrema pobreza, incorporándolos al circuito legal y económico mediante el proceso de formalización y sean calificados como sujetos de crédito,  y accedan a los beneficios de la banca en inversiones e infraestructura[1].

Sin embargo, asumir esta posición realista y humanitaria no implica hacerse la vista gorda o seguir permitiendo la informalidad, sino que tiene que ser aplicada con todo el rigor y el principio de autoridad, en base a un estudio y la constitución de una mesa técnica de formalización y reubicación de viviendas, centros comerciales, empresas, fábricas y puertos privados, ubicados en las áreas intangibles y fajas marginales, que deberá tomar en cuenta:

a.    El área intangible adyacente a los cursos de agua.

b.    Ampliar el área intangible en zonas de riesgo y según necesidad pública.

c.  Los que resultaren excedentes o ubicados en áreas restringidas, serán reubicados y beneficiarios de los proyectos de creación de urbanizaciones populares y módulos de vivienda, para su reasentamiento poblacional[2].

d.  Aperturar y/o acondicionar las calles adyacentes hasta la orilla del río Ucayali y Yumantay.

e.  Anular las licencias de funcionamiento de establecimientos que ocupan el área intangible en las inmediaciones del puerto de Pucallpa, río Ucayali y la quebrada Yumantay.[3]

f.    Acondicionar la ribera del río Ucayali, en las inmediaciones del puerto de Pucallpa, mientras se construya el puerto definitivo de la ciudad de Pucallpa.

     Toda esta acción permitirá la recuperación social, ambiental, justa y humanitaria de las áreas intangibles de las zonas de la Hoyada, Pacacocha, Yarinacocha y Manantay y por ende, permitirá la apertura de nuevos centros de recreación paisajística en armonía con el medio ambiente y un nuevo concepto urbanístico, de salud ciudadana y turismo vivencial mejorando la cuenca del Yumantay, enclavado entre los distritos de Yarinacocha (1 Km), Callería (4 Km) y Manantay (2.5 Km).


1.2.   Aplicar el principio de autoridad con justicia y humanidad consensuada.

1.3.   Delimitar áreas/zonas de parqueo, estacionamiento y venta ambulatoria de la ciudad.

1.4.    Ordenar el tránsito urbano.

1.5.    Mejorar y optimizar el recojo de basura.

2.    SANEAR LA CIUDAD

2.1.    Justicia y techo para todos.

2.2.    Saneamiento básico.

2.3.    Titulación de asentamientos humanos.

2.4.    Reversión de lotes desocupados.

3.    PROYECTAR LA CIUDAD

3.1.   Actualizar y delimitar el catastro urbano.

3.2.   Ampliar el casco urbano de Pucallpa.

3.3.   Crear urbanizaciones populares.

3.4.   Construir módulos de vivienda.

4.    EMBELLECER LA CIUDAD

4.1.   Construcción de veredas de la ciudad.

4.2. Mejoramiento, refacción y construcción de parques, plazas y jardines de la ciudad, asentamientos humanos, caseríos y comunidades nativas.

4.3.    Pavimentación de calles principales de la ciudad.

5.    DESARROLLAR LA ECONOMIA DE LA CIUDAD

5.1. Conformar el consorcio de mypes para la prestación de servicios en actividades municipales.

5.2.    Promover proyectos productivos con la participación de las mypes.

6.    SEGURIDAD CIUDADANA

6.1.       Potenciar las juntas vecinales de seguridad ciudadana integrando a los miembros de los comités de las rondas campesinas, urbanas y nativas, en sus bases para afrontar la delincuencia que asola la ciudad.

6.2.       Delimitar el nuevo damero de la ciudad y las zonas de riesgo, y realizar actividades de patrullaje conjunto de la PNP y miembros de seguridad ciudadana y rondas campesinas, para la intervención, control y prevención de casos de contaminación sonora, delictivos y conexos.

6.3.       Brindar apoyo logístico, vestuario y bonos alimenticios a los miembros integrantes de la nueva seguridad ciudadana de la provincia, como un paliativo al ingreso económico de la familia.

6.4.     Integrar Seguridad ciudadana y Transito urbano, como una alternativa social frente al desmedido tránsito y circulación de choferes y unidades móviles con mascarillas y/o pasamontañas, que hoy se encubren para cometer actos delictivos, en muchos casos.

7.    ARMONIA, PARTICIPACION Y FISCALIZACIÓN CIUDADANA

7.1.       Apoyar la formalización de organizaciones sociales de base.

8.    Etc, etc.

miércoles, 19 de junio de 2024

LA PLAYA DEL PUERTO DE PUCALLPA

 

LA PLAYA DEL PUERTO DE PUCALLPA

Encontrar la playa extendiéndose hasta más de medio río, fue impresionante, a diferencia del año pasado que la tierra sedimentada de playa sólo tenía un margen de aproximadamente treinta metros hacia el cauce del río principal; donde se cortaba verticalmente en un barranco de arena de unos tres metros de altura, por donde descendía la gente al puerto improvisado en una serie de graderías a lo largo de la orilla, que amenazaban con desmoronarse, peligrando con resbalarse y caer hacia las aguas del río Ucayali.




Desde la vereda de la plaza del Reloj Público, se observa un hermoso paisaje en un ángulo de 180°, abarcando desde el curso río arriba hasta donde se pierde el curso del río aguas abajo en el horizonte que el perfil del bosque es una línea negra que se une a las nubes en la distancia. En este amplio panorama, puedo distinguir una columna de densas nubes hacia el Sur Este, del cual se desprende un blanco tul de lluvia cayendo hacia algún lugar de la zona del río Pachitea. Girando unos grados hacia la izquierda, en el mismo cielo, un cúmulo de nubes negras como por arte de magia, similar a un telón de color plomizo, cae hacia el perfil del bosque de ceticos y cañabravas de la isla, frente al puerto, denotando también la caída de otra lluvia allende la lejanía, por algún sector del Abujao y el Tamaya. Hacia el Utuquinía y Contamana, por el Norte, un cielo azul con jaspes de nubes blanquecinas y rayos de sol que se filtran débilmente, le da un toque de diferencia y ese color que rompe la monotonía del paisaje.




Bajando un poco la vista en la misma dirección, destacan las amarillas grúas del puerto privado del grupo Romero y, junto a ella, una variopinta de barcazas y embarcaciones de carga y pasajeros diminutos a la distancia, pero de diferente tamaño, según sus dimensiones. Acercando más la vista y girando un poco hacia la izquierda, una fila de árboles sobre un murete pintado de ondas de azul y blanco simulando el rio y el cielo se extiende por el filo de la orilla natural del río Ucayali, es decir el barranco que fue muchos años atrás, en los primero días de la naciente Pucallpa; esta fila de árboles se va agrandando conforme el iris se acerca al rabillo del ojo y éste a la vez choca literalmente con la torre del Reloj Público que sube hasta tocar el cielo donde a la vez se pierde entre las borrascas de nubes que el atardecer va despidiéndose entre un celaje que se confunde con las alas de la noche que se acerca implacable.



Desde mi ubicación, la nostalgia toca mi corazón con mil recuerdos y mi vista nuevamente otea el Sur, hacia el espejo de aguas del río que resplandece entre las luces del atardecer y el reverbero de las agitadas aguas que sobresalen en la cresta de las olas que bajan arrastrando restos de hojas secas que el viento levanta de las chacras que labran los agricultores preparando el terreno para los maizales, sandiales y hortalizas que sembraron con la vaciante del río, en las playas y restingas. Ver los botes, unos llegando al improvisado y tradicional puerto de Pucallpa y otros zarpando río arriba a un destino no conocido, sensibiliza los sentimientos evocando mis tiempos nautinos, cuando viajaba al Abujao, a Masisea, a Iparía, en mis tiempos juveniles.



Mirando el paisaje ribereño de la ciudad o evocando tiempos idos, me incita a bajar de la vereda del Reloj Público y me encamino hacia la playa que hace de puerto y en un acto de sorpresa me veo como si estuviese en medio río en aquellos tiempos de invierno, ¡Qué increíble! Viéndome como que sí estaría flotando en las bravas aguas del majestuoso Ucayali, sujeto sobre algún trozo o resto de árbol, o como también a punto de ahogarme en la inmensidad de las temibles aguas bravas salpicando por doquier, arrastrándome a las fauces de alguna barcaza o chata para devorarme, cuya proa brama espumeante con el estallido de las aguas que bajan veloces y retadoras sin importar sus destino, sino discurriendo cual hoja al viento, sin rumbo, en la amplitud del sinuoso río, mudo testigo del atardecer que muere en la nada de un día cualquiera que sucumbe con la llegada de la noche que lo va cubriendo todo. Más de la nada, despierto de mi ensimismamiento cuando mis pasos me llevan hacia una zanja, cual riachuelo u hondonada de las cordilleras, por donde corren las aguas servidas de la ciudad  atravezada ppor pedazos de palos redondos que hacen de endebles puentecillos por donde pasan apurados estibadores y vendedores ambulantes, exponiendo su integridad física por no dar la vuelta por tierra firme. A lo largo del riachuelo, que riega el suelo adyacente, observo que crecen verdes y frescas diversas hierbecillas, entre ellos las de hojas redondas, parecidas al aguaymanto, y la cortadera, a las que me inclino y toco suavemente con mis manos como queriendo compenetrarme con la naturaleza inusual que surge en esta temporada, para sentir la textura áspera de sus hojas, cuyos bordes se muestran filudas, que en el campo tierra adentro son más lozanas y fuertes y cortan la piel desprotegida de quienes la atraviesan, sean apurados o desprevenidos. Al tocar aquellas hojas aciculares y ovadas, me recuerda a aquellas manos que cierta vez tomé entre las mías, cuando tiernamente ella me las sujetaba, o cuando cierta vez las cosas salieron de control por algún motivo que hasta hoy me duele en el alma. Pero así es la vida, como las hojas, áspera y lisa.



Despertando de esta evocación de sentimientos y recuerdos, abandono el puerto y asciendo las graderías de una improvisada escalinata que da hacia la plazoleta del Reloj Público, al cual me acerco y miro su imponente torre que en otros tiempos era señuelo de los viajeros, que la distinguían de lejos, seas aguas arriba o aguas abajo del río Ucayali, cuando Pucallpa era una ciudad pequeña, pasando por delante de ella internándome en las bullangueras calles, perdiéndome en la ciudad donde la inspiración muere frente a pasos aligerados entre el gentío de ambulantes, comerciantes invadiendo las veredas y un tráfico de los mil diablos entre motocarros y microbuses disputándose los últimos pasajeros, que retornan presurosos a sus casas, allá en los asentamientos humanos e invasiones diseminados en la vasta metrópoli pucallpina, antes que sea más tarde y eviten ser víctimas de los marcas y la inseguridad ciudadana que campea impune e inmune en las narices de policías y funcionarios de seguridad ciudadana.