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lunes, 1 de junio de 2026

EL GIGANTE DE LA SEGUNDA VUELTA

 

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10 millones decidirán quién será el nuevo presidente del Perú: 7 millones no se fueron a votar y 3 millones votaron en blanco o viciaron su voto.

El reloj corre, el tiempo transcurre imparable, no se detiene, la gente se agita y la atención de todo el país está fija en el próximo domingo 7 de junio, fecha en la que el Perú vivirá una de las jornadas electorales más definitorias y cargadas de incertidumbre, en esta etapa de su historia democrática. A pocos días de la segunda vuelta para elegir al próximo jefe de Estado, los números, las alianzas y las tendencias revelan un escenario de fuerte polarización, donde las posiciones intermedias han desaparecido por completo y la decisión final ya no depende de quienes ya expresaron su voluntad en las urnas el pasado 6 de abril, sino de una inmensa mayoría que ese día optó por el silencio, el rechazo o la ausencia: 10 millones de peruanos tienen hoy en sus manos el destino inmediato de la nación. 

Al revisar con detalle los resultados oficiales de la primera vuelta, se observa una base de apoyo sólida y definida para cada uno de los candidatos que llegaron a esta etapa final. Keiko Fujimori logró obtener directamente el respaldo notoriamente urbano de 2,877,678 de electores, una cifra que refleja una lealtad política construida a lo largo de años y una propuesta que caló profundamente en amplios sectores del país. A esta fuerza inicial, se suma el apoyo explícito y público de ocho organizaciones políticas que, tras la primera etapa, decidieron unir sus fuerzas a su proyecto, convencidas de que es la alternativa capaz de conducir al país. Del otro lado del escenario, Roberto Sánchez ha logrado calar en el mundo rural, logrando el apoyo de 2,015,114 de electores, un caudal importante que demuestra también un respaldo ciudadano firme, al que se suma el compromiso irrenunciable de otros ocho partidos políticos –cifra paradójicamente similar de los que se sumaron en apoyo abierto y directo a su rival electoral- que han puesto su estructura, sus propuestas y su militancia a su disposición para esta segunda contienda. Sumando los votos de cada organización política adherente a lo obtenido por cada uno de los dos, obtenemos una primera cifra que mantiene una distancia pronunciada pero más amplia entre ellos, en relación a la primera vuelta: Fujimori obtiene una hueste de 5,942,076 electores y Sánchez obtiene un ejército electoral de 4,250,196 personas, haciendo una diferencia de 1,7 millones.

Sin embargo, el mapa político electoral no se agota en estas 18 agrupaciones políticas que manifestaron pública y abiertamente su posición y alineación en torno a ellos. Lo que hace más complejo y apasionante este proceso es lo que ocurrió con las otras 18 organizaciones políticas restantes –que irónicamente es una cifra similar que obtienen inicialmente ambos bandos con sus alineados- que, en un primer momento, se presentaron ante la opinión pública como indecisos, neutrales o a la espera de definir su postura. 

Como el día y la noche, que representan de forma absoluta la luz y la oscuridad sin términos medios, esta elección ha trazado una línea divisoria tan profunda que ya no hay espacio para medias tintas ni posiciones ambiguas. Resultando así, en un esfuerzo de trastocarles el interior de sus médulas o finalmente darles una pincelada de naranja y rojo por afinidad, en base a un análisis detallado de sus declaraciones, sus alianzas regionales y sus afinidades ideológicas llegamos a ver con claridad que estos 18 colectivos también tomaron partido: 12 de ellos han inclinado su respaldo definitivo hacia la candidatura de Fujimori, mientras que los 6 restantes han decidido alinear su destino político con la propuesta que encabeza Sánchez. 

Al integrar todas estas adhesiones y proyectar la fuerza que representan los votos obtenidos en abril, el panorama inicial muestra una ventaja considerable. La suma total de apoyos y fuerzas alineadas arroja un saldo de 9,7 millones de votos potenciales para Keiko Fujimori, frente a los 6,9 millones que respaldan a Roberto Sánchez. La diferencia es de cerca de 3 millones de sufragios, una brecha que a simple vista podría parecer difícil de superar y que marca una diferencia de peso en la base electoral consolidada hasta ahora. Pero aquí es donde comienza realmente la gran interrogante que mantiene en vilo al país: ¿es esta ventaja definitiva o es solo una fotografía parcial de la realidad? 

La respuesta está en la gran cifra que quedó fuera del conteo válido de la primera vuelta. En los comicios del 6 de abril pasado, 3, 439, 706 ciudadanos acudieron a las mesas de sufragio, pero expresaron su rechazo, desconfianza o desacuerdo con la oferta política mediante votos en blanco, nulos o viciados, una cifra que manifiesta una crítica profunda al sistema y a las opciones presentadas.

Pero aún más impactante es la cifra de la abstención: 7,157,687 peruanos inscritos y aptos para sufragar, no acudieron a votar en las urnas; ausentes que representan la mayor tasa de desinterés, desconfianza o desánimo registrada en las últimas décadas en el país.    


En total, de un universo de 27,325,432 electores peruanos, sumando votos no válidos y ausentismo, se llega a la cifra impresionante de 10,596,393 de peruanos que no definieron la elección en la primera vuelta, pero que hoy son los verdaderos dueños de la decisión.

Este bloque electoral es, sin duda, el protagonista absoluto de esta segunda vuelta. Representa un volumen mayor que la ventaja actual que separa a ambos candidatos, lo que significa que tiene el poder absoluto para cambiar por completo el resultado. No se trata simplemente de números en una estadística: son ciudadanos que tienen visiones distintas del país, que buscan cambios profundos, que exigen nuevas formas de hacer política o que, simplemente, esperan propuestas que respondan realmente a sus necesidades más urgentes. Su decisión de participar o no, y a quién apoyar si lo hacen, definirá no solo quién ocupará la presidencia, sino también qué modelo de país se implementará en los próximos años.

Los equipos de campaña de ambos candidatos son conscientes de esta realidad y han centrado sus últimas estrategias en llegar precisamente a este sector. Fujimori trabaja en reforzar la idea de estabilidad y experiencia, buscando convencer a los indecisos y ausentes de que su propuesta es la única que garantiza orden y desarrollo. Sánchez, por su parte, apela a la renovación, a la justicia social y al cambio estructural, intentando captar el descontento y el deseo de transformación que se reflejó en los votos nulos o en la abstención. Cada discurso, cada visita regional y cada propuesta presentada en estos días previos están diseñados para conquistar la confianza de estos 9 millones de peruanos.

Lo que está en juego va mucho más allá de una simple victoria electoral. La división es tan marcada que, como la luz y la oscuridad, las dos propuestas en disputa ofrecen caminos distintos, formas diferentes de entender el Estado, la economía, la seguridad y la justicia. No hay espacios intermedios ni soluciones parciales en juego: la elección definirá qué rumbo tomará el Perú frente a sus desafíos históricos, como la lucha contra la pobreza, la reforma del Estado, el desarrollo de las regiones y la recuperación de la confianza en las instituciones.

Ante este escenario, la expectativa crece día a día. ¿Logrará Fujimori consolidar su ventaja inicial y convencer a los ciudadanos que se mantuvieron al margen de sumarse a su proyecto? ¿O será que el descontento y el deseo de cambio, representados en esos 9 millones de votos potenciales, inclinarán la balanza a favor de Sánchez y revertirán la diferencia actual? Ningún analista se atreve a dar un pronóstico cerrado, porque la variable decisiva está en manos de quienes aún no han hablado.

Este domingo 7 de junio, las urnas abrirán nuevamente sus puertas y el Perú sabrá finalmente su futuro. Pero lo que ya es una certeza absoluta es que, en esta oportunidad, el ganador no lo decidirán quienes ya dieron su apoyo en abril, sino esos 10 millones de peruanos que, con su voto o con su ausencia anterior, se convirtieron en los árbitros definitivos de la democracia nacional. La historia del país se escribirá con la tinta de su decisión, y el mundo entero estará atento a conocer cuál será el veredicto final de este gigante electoral que, hasta hoy, ha permanecido en silencio.



jueves, 1 de abril de 2021

2021: EL TRIUNFO DE LA IZQUIERDA O EL ADIOS DE LA ESPERANZA

 

2021: EL TRIUNFO DE LA IZQUIERDA O EL ADIOS DE LA ESPERANZA

ü  La Patria nos llama, #Bicentenariorevolucion o muerte.

Y la esperanza cada vez más extiende sus alas tratando de abarcar a todos los hombres y mujeres que abrigan sueños de cambio en nuestra Patria, el Perú.

Sin embargo, son los caudillos auto titulados “líderes” que cercenan estas mismas alas haciéndolas encoger con terribles dolores que ningún ser viviente podría soportarlo. Entonces la esperanza huye y se posa adolorida en otra peña más cercana hacia arriba y nuevamente hacia ella van los pocos hombres y mujeres que abrigan sueños de revolución desechando egoísmos y subjetividades con el único objetivo de lograr el anhelado cambio en nuestra Patria, el Perú. Pero, los “ilustrados” y quienes “creen tener la razón” se imponen sobre la humildad y la honestidad de los demás y la esperanza vuelve a encoger sus alas y remonta vuelo más arriba, donde sólo podrán alcanzarla los que persisten abnegadamente en la revolución y el cambio de nuestra sociedad. Lamentablemente, llegan unos cuantos; harapientos, andrajosos, lánguidos, casi a la muerte y lo único que la esperanza hace es cobijarlos hasta que recuperen fuerzas para vivir y volver a soñar.

Este círculo vicioso nos está matando, mientras los caudillos auto titulados “líderes” siguen creyendo que son los mesías del cambio y la revolución y se enfrascan en luchas intestinas de nunca acabar mientras el pueblo sigue esperando que cesen las pugnas y arriben a la unidad que tanto esperamos. Tanto esperamos que, según el juego democrático que nos impone el sistema, llegada las nuevas elecciones otra vez observamos la misma secuencia y cadencia del terminar divididos, cada uno por su lado según la preferencia de sus ideas, organizaciones políticas o acuerdos noctámbulos que nos convierte como bufones de circo haciendo el hazme reír de los demás, con comentarios o insulsos agridulces que terminamos enfrentados y al final utilizados mientras el enemigo, la derecha, celebra campante y festivo un nuevo triunfo, incluso y para el colmo con nuestros votos que dizque preferimos en segunda vuelta al mal menor o supuestamente “más cercanos” mientras nosotros más nos alejamos de nuestros ideales y sueños de cambio y revolución popular socialista.

Es más, estas elecciones de abril son de vital importancia para el Perú profundo, que desde hace 200 años no ha logrado cristalizar su auténtica independencia política, económica y social del yugo extranjero que lo oprime y sean los auténticos peruanos que dirijan su destino con autonomía y libre determinación, legado de los incas y el gran Tahuantinsuyo. A 200 años de la “primera independencia”, lo único que hemos logrado es cambiar de amo, expulsar el virreinato español y dar apertura a la economía inglesa que buscaba expandir su influencia política y comercial hacia el nuevo mundo y luego nos empujó a una guerra fratricida con Chile en disputa por el guano y el salitre, además de perder extensos territorios ante el entreguismo de nuestros gobernantes de turno, frente a la colonia de Portugal, Brasil y los demás países que emergían al compás de la independencia como Colombia, Ecuador, incluso Bolivia.

Han transcurrido 200 años y nada ha cambiado, la situación sigue la misma, sino es peor. Las transnacionales se llevan nuestros recursos naturales mientras para nuestros pueblos y comunidades solo van dejando monumentos a la pobreza y la miseria sumida en la contaminación del suelo y el medio ambiente, donde pequeños grupos patriotas levantan su voz de protesta aislada en lucha desigual con la represión militar y policial que impone el sistema y los gobiernos vendepatrias.

Hoy más que nunca, urge unir nuestras fuerzas por esa anhelada segunda independencia nacional y forjar una autentica patria libre y soberana, donde los peruanos podamos elegir nuestro propio destino. En tal sentido, las elecciones de abril 2021 y el Bicentenario van de la mano y tienen correlación una de la otra y no como nos quieren hacer creer que van separadas y cada cual tiene su tiempo. No. Van de la mano y hoy es hoy. Juntos todo es posible, divididos nada somos.

Por eso, a la luz de los sucesos y habiendo observado brevemente el desenvolvimiento y el comportamiento de algunas organizaciones políticas y sus auto titulados “líderes”, concluyo con tristeza que:

- El Frente Amplio, representó en su momento esa esperanza, cuyos orígenes se remontan a la formación del movimiento Tierra y Libertad que obtuvo su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones y la cedió a la izquierda peruana el año 2015, en Lima, lanzando una candidatura concertada y unida tras siete precandidaturas internas: Marco Arana, de Tierra y Libertad; Verónika Mendoza, de Sembrar; Martina Portocarrero, de Mundo Verde; Luis Albertro Salgado, de Frente Único del Pueblo; Jorge Rimarachín, de La Gran Transformación; Julio Cesar Bazán, de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y Martín Bacacorzo, de Pueblo Unido, de los cuales salió nominada Verónika Mendoza. https://rpp.pe/politica/actualidad/comicios-2016-los-siete-precandidatos-presidenciales-del-frente-amplio-noticia-828925 quien posteriormente se apartó del Frente Amplio, junto a 10 congresistas de los 20 que salieron electos en 2016. Sin embargo, el Frente amplio, en 2020, hizo el papel de defensor de Vizcarra cuando abiertamente la mayoría se abstuvo y dos votaron contra la primera vacancia en setiembre del mismo año, pese a que había claras muestras y visos de corrupción https://laley.pe/art/10099/ultimo-congreso-rechaza-vacancia-contra-martin-vizcarra

- El 2019 hubo visos de unidad de otro sector de la izquierda con Voces del Cambio, en Huancayo, donde hicieron pública su intención de formar un solo frente para las elecciones presidenciales de 2021, compuesta por “Vladimir Cerrón (Perú Libre), Verónika Mendoza (Nuevo Perú), Gregorio Santos (MAS), Zenón Cuevas (Firme) y Luis Villanueva (Partido Comunista Peruano) suscribieron el documento. También estaba prevista la presencia de Walter Aduviri (Movimiento Mi Región), pero en su representación asistió su secretario, quien también estampó su rúbrica.” https://peru21.pe/politica/rostros-izquierda-candidatura-2021-456218-noticia/ Sin embargo, todo esto se diluyó en buenos deseos y al final cada uno tomó su rumbo hacia la neblina de la atomización política.

- En octubre 2020, venció el plazo electoral de inscripción de las alianzas de partidos políticos para participar en las Elecciones Generales 2021  https://andina.pe/agencia/noticia-elecciones-2021-hoy-se-cumple-plazo-para-alianzas-renuncias-y-otros-requisitos-817336.aspx fecha en la cual ninguna organización política de izquierda hizo el mínimo esfuerzo de consolidar una alianza electoral y participar como una sola fuerza, a excepción de Perú Libre y Democracia Directa que estaban en tratativas pero no lograron concretarlo, debido a que estatutariamente Perú Libre se hizo el Hara kiri. De tal manera, que hoy tenemos tres organizaciones de izquierda claramente identificadas en el Perú, que participan en este proceso electoral y a la vez enfrentados, que como es natural cada uno jala agua para su molino: Frente Amplio, con Marco Arana; Juntos por el Perú, con Verónika Mendoza y Perú Libre, con Pedro Castillo.

Si tenemos un compromiso claramente marcado con las causas sociales y un deber imperativo con el Bicentenario ¿Por qué estas tres organizaciones políticas no suscribieron la alianza electoral a tiempo? ¿Acaso cada una persigue objetivos e intereses mezquinos de grupos, ajenos al interés nacional? Porque está dicho, que solos y separados cada uno por nuestro lado, no llegaremos a la esquina.

Pero tampoco se trata de tirar por la borda las esperanzas y los esfuerzos hasta hoy realizados y decir que este lío no es mío. Sí, este lío es nuestro. Y de entre las tres organizaciones nombradas, personalmente he optado por apoyar en la undécima hora a Perú Libre y su candidato, el profesor Pedro Castillo, por ser el candidato con más arraigo popular y sin muchas rayas felinas como Marco Arana –de quien reconozco su lucha ambientalista-, ex congresista y cuyo partido prácticamente se coludió con Vizcarra en sus últimos momentos y Verónika Mendoza, comprometida en la Agenda de Nadine y con prácticas divisionistas como lo fue con el FA y hoy con el Partido Humanista https://www.piensa.pe/pugnas-y-sombras-en-la-interna-de-juntos-por-el-peru-y-somos-peru/

Al final del camino, planteo a todos los peruanos combatientes de la causa popular, la urgente necesidad de una unidad férrea frente a la oligarquía nacional y los partidos tradicionales: No más el mal menor, la Patria nos llama, #Bicentenariorevolucion o muerte.

viernes, 16 de octubre de 2015

DESPUÉS DEL 4 DE OCTUBRE

DESPUÉS DEL 4 DE OCTUBRE


Tenemos a Verónika Mendoza como candidata presidencial del Frente Amplio, quien, según el Comité Electoral Nacional, es la ganadora de estas justas electorales internas.

Pero también siento que me queda el sabor amargo en la boca y un nudo en la garganta al enterarme, no fehacientemente, pero sí a través de algunas publicaciones, de los sucesos de Pomalca, en el departamento de Lambayeque, donde el compañero Marco Arana, de Tierra y Libertad, recibió el apoyo de dicha población con una diferencia abismal de votos. ¿Qué de determinante fue para anular los cerca de cinco mil votos de aquellos compañeros?

Que yo sepa, allí han hecho un gran trabajo organizativo los compañeros de Tierra y Libertad en alianza con otras organizaciones, como los trabajadores de la cooperativa de Pomalca y, como tal, eran previsibles aquellos resultados.

Entonces, ¿Con que artes de magia o conjuros diablescos lograron –los otros- que estos votos finalmente no cuenten? ¿Es justo y democrático?
Quizá esto quede para la historia, igual que allá por el año 2006 en cierta elección interna aprista, en Ucayali, una lista ganó muy lejos, pero al segundo día, al llegar los resultados de una provincia fronteriza y sin muchos habitantes: Purús, la otra lista obtenía la victoria.

Ha pasado una etapa compañeros, nuestra elección interna y ahí tenemos los resultados. Y tal como acordamos en el congreso del FA en el mes de julio, “apoyaremos la candidatura gane quien gane”. Y ahí está el compromiso de Tierra y Libertad, cumpliremos nuestro compromiso levantando otro compromiso: respaldar a nuestro compañero Marco Arana, porque ha dado muestras de sacrifico y entrega por los demás, aperturando TyL hacia el FA –que cómodamente pudo haber sido un candidato innato o único dentro de su organización y sería uno más de los candidatos presidenciales con candidatura propia sin importarle las elecciones internas- y ese sacrifico merece un respaldo y un poyo a prueba de balas, pues Marco Arana encarna ese ideal de líder mesiánico que pudiéndolo todo, lo dejó todo a merced de su pueblo, a merced del FA.

Hoy, a la luz de los hechos, el FA, el partido de izquierda que se aventó a las bravas aguas de un mar desconocido, después de todo, ha salido fortalecido por que ha sido el único partido que se atrevió a realizar una elección interna abierta, libre y democrática con el concurso de toda la población peruana que así lo quiso, sin mediar militancia alguna para elegir a su candidato presidencial. Hoy más que nunca, toca reconfirmar los puntos en común basado en el acuerdo programático para levantar un plan de gobierno para cambiar el Perú desde sus cimientos; ya no más medias tintas ni gobiernos timoratos, urge replantear acuerdos nacionales y plasmar un acuerdo nacional popular que encare la pobreza, la inseguridad ciudadana, la corrupción y los problemas medioambientales; pues se hace necesario devolverle a nuestra patria aquella Constitución Política -abolida por la derecha y sus “felipillos” representantes de las transnacionales-, derogar los contratos administrativos de servicios y devolverle a nuestros hermanos trabajadores la dignidad de un justo salario y el goce de sus beneficios sociales y derechos laborales, una economía diversificada promotora del desarrollo humano y social, un plan ambiental acorde al cambio climático y una zonificación económica ecológica basada en un ordenamiento territorial, una educación para una juventud pensante y una vida  digna de vivir, es decir alcanzar el buen vivir de los pueblos.

Es hora, queridos amigos, compañeros y conciudadanos, de volver nuestras miradas hacia aquel horizonte aun no explorado: La esperanza mariateguista de que sí es posible construir un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo, justo, democrático, ecológico, diverso, digno, honesto y soberano con el Frente Amplio.