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sábado, 6 de junio de 2026

INCAN KOSHI, EL CANDIDATO DEL MOTOCAR

Incan Koshi, el candidato del motocarro recorriendo las calles de Pucallpa.

 

Se movilizaba en camioneta, raudo y veloz, en todas sus visitas a los pueblos del Perú profundo. Lo hacía para salvar largas distancias, ya fuera por la necesidad de ganar tiempo, por garantizar su seguridad, para sortear los repentinos cambios del clima, evitar riesgos por parte de opositores hostiles, o simplemente para contar con mayor comodidad y aliviar, en el trayecto, el cansancio del trajín diario de estos días tan intensos, en plena recta final hacia la segunda vuelta electoral en el Perú.

Esta es, por lo demás, una práctica habitual entre todos los candidatos que participaron en este proceso eleccionario, que ya llega a su fin: la vía terrestre es el medio más común y cercano para conectar pueblos y ciudades. Solo excepcionalmente se recurre a aviones, avionetas o helicópteros, cuando la rapidez es indispensable, aunque estos medios implican costos mucho mayores —ya sean asumidos por el propio candidato o por sus aportantes—.

Fue así como aquel candidato llegó a la tierra colorada, arribando en avión al aeropuerto. A diferencia de otras ocasiones y de otros candidatos, esta vez la recepción fue multitudinaria: no cabía un alfiler ni dentro ni fuera de las instalaciones del terminal aéreo, porque el lugar estaba completamente abarrotado de gente, camionetas, autos, motocarros y motocicletas que llegaban desde todas partes.

Era una tarde en la que, durante todo el recorrido, se podían ver rostros emocionados, sonrientes y llenos de alegría: hombres, mujeres de todas las edades, incluso niños y bebés en brazos. Todos estaban ahí llenos de esperanza, movidos por un mismo sentimiento: el aprecio y el respaldo a este candidato que prometía cambiar el rumbo del país, devolver la confianza y traer tiempos nuevos, dejando atrás la estela de corrupción e inseguridad que hoy asola nuestra patria.

El sol bajaba y el tiempo se acortaba: debía cumplir con su mitin y luego seguir viaje hacia Iquitos, la gran urbe amazónica que colorea de rojo y blanco la frontera nororiental del país. Pero antes, tenía dos compromisos ineludibles: dialogar con los productores arroceros, que llevaban dos días de movilizaciones a nivel nacional exigiendo la declaratoria de emergencia y mejores precios para su grano; y reunirse con la dirigencia regional de su organización política.

 

Roberto Sánchez, junto con Analí Márquez y Brígida Curo, dialogando con dirigentes arroceros del valle de Honoria-Huánuco sobre su problemática y medida de lucha emprendida.

Al concluir estas conversaciones tan necesarias, y tras reponer fuerzas con un suculento plato de la gastronomía local, el candidato reinició su camino hacia la plaza de armas del asentamiento humano 9 de Octubre, donde ya mucha gente le esperaba. Fue en este tramo cuando tomó una decisión que marcó su recorrido: dejar de lado la camioneta y desplazarse tal como lo hace cualquier habitante de Pucallpa. Quiso sentir el polvo cubrir su rostro, el barro pegarse a sus pies, el sol teñir su piel con el color del mestizo y del indígena de estas tierras del Ucayali, y la lluvia mojar su piel curtida —esa piel hecha de esfuerzo, forjada entre arrozales, maizales, yucales, platanales, palmerales, cacaotales y camucamales, todos frutos que regala nuestro Apu, el río Ucayali—. Y así, subió a un motocarro: ese vehículo típico de la selva, que libra mil batallas en el trabajo diario, tanto en zonas urbanas como rurales; una especie de carruaje popular, con el que las familias salen adelante luchando por su vida. Desde allí, saludaba a la gente del camino, que le respondía con la mano levantada o sonrisas llenas de emoción.

Ya en estas tierras que los pueblos shipibo-konibo llaman May Ushin —la tierra colorada—, Roberto Sánchez, el candidato presidencial del sombrero, de la agrupación Juntos por el Perú, cerró su recorrido encabezando una caravana inmensa, subido en aquel motocarro. Lo conducía un motocarrista que, visiblemente alegre y sorprendido, vestía pantalón de jean azul, camisa manga larga celeste —de esas que usan los obreros de construcción civil, y que cualquier trabajador, como él, suele comprar de segunda mano en la plaza Las Mercedes, el mercado de la vía de evitamiento Ramiro Prialé, en Manantay— y un gorro azul oscuro. Detrás de él avanzaban también, animosas y abrigadas por la brisa de la tarde, las compañeras de fórmula: la cusqueña Analí Márquez Huanca y la puneña Brígida Curo Bustincio. El aire estaba impregnado por la frescura del majestuoso río Ucayali, que bañaba el cielo de Pucallpa con un atardecer inolvidable: una experiencia única, muy distinta a las tardes frías y heladas de los Andes.

Así llegaron los tres, seguidos de una procesión colorida de conductores de motocarros y pobladores venidos de todos los rincones de la región Ucayali. Pero la mayor sorpresa fue para el propio Roberto Sánchez: al llegar a la plaza, encontró una multitud inmensa que le recibió con aplausos y gritos de aliento —muy distinto a la concurrencia mucho más reducida que le había recibido apenas dos meses atrás, en la primera vuelta—. La gente pedía a voces ese cambio que, desde los inicios de la República, se les ha negado, y que hoy, creen, por fin puede ser realidad. Fue ahí donde los hermanos shipibos-konibo le dieron su nombre, en su propia lengua: Incan Koshi, que significa La Fuerza del Inca.

Y esto puede, y debe, hacerse realidad: si Incan Koshi, el candidato del motocarro, recibe el respaldo popular este 7 de junio; si se mantiene firme, se ajusta los pantalones y expulsa —tal como hizo Jesucristo con los mercaderes del templo— a quienes solo buscan su propio beneficio: las transnacionales, los avivatos que siempre terminan gobernando, sin importar quién llegue al poder; esos funcionarios, autoridades y congresistas que actúan siempre al amparo de la corrupción y la extorsión.

 

Incan Koshi, la fuerza del inka, recibiendo el abrazo emotivo con una mirada de esperanza
de un hermano del pueblo Shipibo-konibo del Ucayali.

jueves, 4 de junio de 2026

EN TRES LINEAS

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A estas alturas, ya a las puertas de la segunda vuelta electoral del 7 de junio en nuestro país, la democracia se ve trastocada y vapuleada: semejante a aquella damisela de las casitas acogedoras, tenuemente iluminadas por luces conocidas, donde los parroquianos acuden en busca de entretenimiento y satisfacciones pasajeras. Lo paradójico es que ambos bandos —tirios y troyanos— aseguran ser sus máximos defensores.

Con el paso de los años, la democracia se ha transformado en un sistema que solo responde a intereses de grupo, según la “estación” política o el periodo de gobierno, sin importar qué partido esté al frente de la gestión pública. Hoy se encuentra en declive, debido a actos de corrupción que se han vuelto tema de conversación cotidiana, asuntos que no generan ni confianza ni credibilidad en la ciudadanía.

Si bien la democracia se define como el gobierno del pueblo, basado en la participación y la representación ciudadana —donde sectores económicos y sociales diversos trabajan por el bien común regional o nacional—, esa representación ha quedado desdibujada o truncada, pues no cumple con el fin para el cual fue concebida.

Los representantes que llegan al gobierno, y especialmente al Parlamento, solo se han dedicado a pactar acuerdos y componendas en favor de intereses creados, respondiendo a quienes detentan el poder —ya sea oculto, económico o institucional— dentro de las esferas del Estado. Todo ello impulsado por grupos de presión, que dan origen a normas y convenios hechos a medida, dirigidos a personas específicas, empresas nacionales o transnacionales; así surgen exoneraciones tributarias, préstamos, beneficios fiscales, proyectos y contratos ley diseñados para un “público” muy particular.

No se trata del público popular que debería ser el centro de todo, sino de un círculo cerrado, reducido y minoritario, pero con gran poder económico y político: este grupo es el que define el rumbo del país, y no esa mayoría de la población que siempre espera que sus gobernantes y representantes impulsen el cambio y el desarrollo necesario, mediante medidas que permitan cerrar brechas económicas y sociales que han permanecido postergadas por décadas.

Esta tensión política no se detuvo allí. Para desgracia de la ciudadanía, se arraigó aún más gracias a las malas prácticas de lobistas y autoridades, que superaron con creces los antiguos márgenes de beneficio: hoy las cifras que se manejan, en soles o dólares, se duplican, todo en perjuicio de las obras públicas y la atención a la población, configurando claros actos de corrupción.

Esas conductas rozan directamente con el crimen organizado, que a su vez cuenta con autorización absoluta desde las instancias judiciales, penales e institucionales. Se extiende hasta las bandas de extorsionadores, que actúan con total impunidad ante la vista de la policía y de las autoridades de los cuatro niveles de gobierno. Estas, incapaces de actuar, guardan silencio de todas las formas posibles, dejando a la población a merced de la delincuencia —de la cual muchas veces también forman parte, ya sea por omisión, ineptitud o complicidad.

Ante este panorama, cabe preguntarnos: ¿en qué nos beneficia esta democracia? Y, ante el escenario de la segunda vuelta en el Perú, la respuesta surge con tristeza y una impotencia profunda: en nada nos favorece. Sin embargo, recordemos esa frase que repetimos al principio: todos, tirios y troyanos, fujimoristas y sanchecistas, se golpean el pecho y llaman a votar para “defender la democracia”. ¿Pero qué democracia defienden? ¿Esa democracia débil, cómplice y que contribuye a la desgracia del pueblo?

Para los fujimoristas, este modelo de democracia es ejemplar y maravilloso. ¿Y para los sanchecistas? Podría afirmar que también lo es, pues si pensaran lo contrario, al menos mantendrían firme su propuesta de modificar la Constitución Política —uno de los puntos iniciales de su plan de gobierno—. Un cambio que podría poner fin a esta situación que hoy nos tiene atados de pies y manos frente a los grupos de poder, la corrupción y la delincuencia.

Defender la democracia debería significar defender al pueblo, no defender este sistema que lo perjudica, roba y asesina.

miércoles, 1 de abril de 2026

HOY FIRMAN DECLARACIÓN DE PUCALLPA CONTRA EL PACTO MAFIOSO

El día de hoy miércoles 1 de abril de 2026, a las 06:00 pm, representantes de siete organizaciones políticas con presencia en la región Ucayali, suscribirán mediante acto público la DECLARACIÓN DE PUCALLPA.

Esta Declaración, es la confluencia de objetivos en común contra la afrenta descarada del pacto corrupto y mafioso que quiere imponer candidaturas direccionando el voto ciudadano con encuestadoras a nivel nacional, una publicidad que viene copando los medios de comunicación y propaganda que infesta las ciudades del país.

Esta confluencia política se realiza superando la división política y diferencias ideológicas en que se encuentra pulverizado el país.

La firma de este histórico documento democrático será en el Jr. Progreso 181, de la ciudad de Pucallpa, al que están invitando a los periodistas, comunicadores sociales y medios de comunicación.