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Mientras no vuelva a verte, nada será igual;
quiero volverte a ver, aunque sea un instante,
y después muera, ¡Qué importa!
Eres un crucifijo ardiente que lacera mi cuerpo,
que, aún hiriendo mi piel, me niego a arrancarte.
Puesta sobre mi pecho, deslumbras mi ser
como el sol al despertar la mañana.
Si no estuvieras pendiente, sería fatal;
como fatal es solo llevar tu imagen
y no tenerte conmigo.
Llevo impregnado en mi mente
tu más bello recuerdo de amor;
olvidarte quiero, y no lo consigo,
trato de desprenderme de ti,
pero me es imposible.
Si llevarte dentro de mí es un dolor,
recordarte es un sufrimiento sagrado
que adoro cada noche al divisarte cual estrella,
iluminando, con tu haz de luz,
mi solitario corazón que agoniza por ti.
En la quietud de las lóbregas y tristes noches,
mi alma te implora desfalleciente y solitaria.
Agónico clamor que agobia mis sentimientos
y soportarlo ya no puedo más;
pero, aun así, vivo muriendo por ti.

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