Por qué la ruta de Gurupá a Macapá es la única vía para el objetivo trascendental de "Super H", frente a la inviabilidad de Belém do Pará.
La travesía del nadador
colombiano, Wilber Honorio Muñoz Burbano, internacionalmente reconocido como "Super
H", se encuentra en su hora más crítica y definitiva. Tras haber
superado con estoicismo los remolinos y las paredes pétreas del temido Pongo de
Mainique, río Urubamba, en el Perú, el nadador colombiano ha alcanzado Gurupá,
en Brasil. En este punto, la expedición ambientalista Amazonas a Pulmón
debe trazar su vector final hacia el océano Atlántico. Ante la disyuntiva
cartográfica de elegir como destino final Belém do Pará o Macapá, el análisis
hidrográfico y la naturaleza misma de su misión ecológica dictan una sentencia
incuestionable: la ruta hacia Macapá es la única opción técnica y
humanamente viable, mientras que la vía hacia Belém do Pará debería ser
desechada.
Para entender esta decisión, es
necesario desmitificar la geografía del delta y confrontar la crudeza del
entorno. El brazo que conecta a Gurupá con Belém do Pará obliga a cualquier
navegante o nadador a internarse en el laberinto estrecho conocido como los Furos
de Breves. Esta intrincada red de canales fluviales padece un severo
fenómeno de estancamiento hidráulico. En los Furos, el empuje directo
del río Amazonas se disipa y queda a merced de las mareas atlánticas que entran
por el Río Pará y la Bahía de Guajará. Para un nadador de ultradistancia, esto
se traduce en una trampa física: la corriente invierte su sentido por completo
la mitad del día, obligando al atleta a un esfuerzo estático y destructivo en
contra de la corriente, alargando la travesía de forma artificial en un entorno
de nula visibilidad. Además, hidrológicamente hablando, el agua que baña a
Belém pertenece al estuario del Río Tocantins; llegar al Atlántico abierto
desde allí exige un desvío ineficiente y peligroso a través de bahías costeras
de oleaje caótico.
Sin embargo, el verdadero desafío
no radica solo en la hidrodinámica, sino en las condiciones sumamente hostiles
y los peligros letales que transforman este delta en el escenario más peligroso
del planeta. Super H
no solo se enfrenta a la distancia, sino a las brutales mareas del Atlántico,
capaces de neutralizar por completo el flujo del río. Si el calendario lunar
coincide con la luna llena o nueva, el equipo debe mantenerse en alerta máxima
ante la Pororoca: esa destructiva e impredecible muralla de agua de hasta 4
metros de altura que rompe con un rugido ensordecedor, arrasando las
riberas y destrozando cualquier embarcación pequeña de apoyo.
La Pororoca es un impresionante fenómeno hidrológico conocido
técnicamente como macareo. Ocurre cuando las poderosas mareas
crecientes del océano Atlántico chocan y revierten temporalmente el flujo del
río Amazonas y sus afluentes. El término proviene de la lengua indígena
tupí-guaraní Pororó-ká, que
significa "gran estruendo"
o "gran ruido destructor".
Al reventar este gran ruido
destructor, se forman paredes de agua continuas que alcanzan hasta 4 metros de
altura y la ola viaja río arriba a gran velocidad penetrando cientos de
kilómetros tierra adentro. Este impacto de masas de agua produce un sonido
ensordecedor que se escucha hasta 30 minutos antes de que aparezca la ola, que
se convierte en una fuerza destructiva y arrasa con la vegetación, árboles,
embarcaciones pequeñas y modifica el relieve de las riberas.
Este fenómeno especialmente
violento ocurre en el área del delta (entre Macapá y Belém do Pará) debido a la
combinación de tres factores: La Luna y el Sol. Durante las lunas llenas y lunas nuevas,
conocidas como mareas de Sizigia, sobre todo entre los meses de febrero y abril
y precisamente en esta zona geográfica que dibuja la geometría del río: Al
llegar al delta, el lecho del río se vuelve más estrecho y poco profundo,
obligando al agua marina, que entra por el fondo, a saltar hacia la superficie
de golpe, como máxima expresión del choque de densidades.
El Amazonas empuja miles de toneladas de agua dulce hacia el mar, pero la marea del Atlántico es tan alta que la sobrepasa, levantando el río y haciéndolo retroceder. Hoy en día, este fenómeno es mundialmente famoso porque los surfistas viajan al estado de Pará para realizar surf de río, logrando mantenerse sobre la misma ola durante más de 10 o 15 minutos continuos.
A esta furia física se suma una fauna de pesadilla que exige el uso de jaulas de protección remolcadas. En estas aguas estuarinas convergen los depredadores de dos mundos: los temibles tiburones toro, feroces escualos oceánicos que remontan el río gracias a la cuña salina profunda, compartiendo el territorio con monstruosos caimanes negros (los cocodrilos del Amazonas) que defienden con agresividad los márgenes de las islas. Por si fuera poco, el cuerpo de Super H debe resistir una severa infestación de las aguas, una sopa densa de lodo, bacterias, parásitos tropicales, rayas de aguijón y anguilas eléctricas, donde la visibilidad es absolutamente nula, obligándolo a nadar a ciegas en un medio biológicamente hostil.
En contraste con la ratonera de los Furos, la ruta de Gurupá hacia Macapá sigue el curso natural y majestuoso del Canal Norte del Amazonas. Es a través de este canal abierto donde se expulsa más del 90% del volumen total de agua dulce del río. Para Super H, esto representa una ventaja hidrodinámica insustituible: el caudal del río actúa como una gigantesca cinta transportadora a su favor. Sincronizando el nado estrictamente con las ventanas de seis horas de marea bajante —cuando el océano se retira y el río se vacía a máxima velocidad—, el nadador puede sumar el empuje natural del agua a sus brazos, logrando un avance real y seguro hacia el océano abierto, minimizando el tiempo de exposición a los depredadores y permitiendo una rápida extracción a la lancha de rescate ante tormentas o ataques.
Más allá de los factores
puramente matemáticos y mecánicos, la ruta a Macapá es la que dota de verdadero
sentido a la cruzada ambiental de Super H. Puesto que su meta declarada no es
romper un récord de velocidad, sino sensibilizar a los pobladores de la Amazonía
sobre la contaminación por plásticos y la urgencia del reciclaje. El Canal
Norte está flanqueado por comunidades ribereñas históricas y escuelas rurales
que dependen directamente de la salud de este cauce principal. Diseñar un
itinerario de nado moderado de 15 a 20 días, avanzando tramos de 20 a 30
kilómetros diarios entre poblados, permitiría a Super H salir del agua con luz
solar y transformarse en un educador en cada orilla.
Elegir Macapá, bordeando la costa norte hasta coronar la travesía en el monumento del Marco Zero —justo sobre la línea del Ecuador—, no es solo la ruta más lógica y segura para resguardar la vida del atleta frente a las tormentas tropicales, los vientos huracanados y las amenazas del estuario. Es, fundamentalmente, el escenario perfecto donde la ciencia de las corrientes, la valentía ante el peligro y el corazón de una causa humanitaria se unen para demostrar que el río Amazonas debe volver a respirar.
Es mi punto de vista, entendiendo
el laberintoso estuario del delta del Amazonas y los riesgos entre los poblados
de Curumú y Breves, en ruta a Belém do Pará. En fin, tengo la confirmación de
Súper H, que su destino final a nado es la ciudad en la Bahía de Tocantins.





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