EL HOMBRE Y LA GARZA
En tiempo de verano, en los ríos de la selva, durante el estiaje, el río
se estrecha y surgen playas, barrizales y las quebradas bajan de nivel;
entonces es allí cuando el poblador ribereño aprovecha las playas y barrizales
para sembrar el arroz, el maíz, el frejol, el chiclayo, el maní, el plátano, la
yuca y las hortalizas, por espacio de ocho meses, comprendido entre los meses
de abril a diciembre.
A lo largo de este tiempo, y principalmente hasta setiembre, un fiel
compañero del hombre son las garzas, los cushuris y los tibes, aves pescadoras
por antonomasia que pescan solitarias o en bandada a diestra y siniestra,
aprovechando que salen de las cochas y quebradas y surcan el río Ucayali, en
mijano. En esta zona, generalmente desde la reserva del Pacaya Samiria, hasta
pasando el distrito de Tahuanía, donde el río se vuelve con menos caudal pero
más torrentoso, que dificulta la pesca con redes, hasta donde les siguen los
pescadores.
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